que me vendría bien ir al psicólogo,
para llenarle a un desconocido o desconocida
las orejas y libretas con todos mis miedos.
Cuando me dejan hablar, les respondo
que prefiero mis poemas
pero es cierto que últimamente
se me hacen cortos
escasos
y acaban por dejarme
con los pies fríos
y alma llena de miedos lógicos.
Demasiadas frases de compasión y de lucha,
y yo lo único que quiero es
no ponerme el mismo nombre que el de mis calmantes
o dejar de pintarme la sonrisa
que le he robado a mi amigo, el Joker.
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