
Alba había jugado toda su vida a mantener saquitos imaginarios donde almacenar todo tipo de sentimientos, miedos y pasiones.
En uno de esos sacos estaba una infancia vacía, creada por una ausencia hueca y un dolor constante que deja la sensación de no haber podido engañar al destino.
Ella sabía que su vida estaba condicionada al desequilibrio al no tener un confidente que parecía estar hecho de la misma materia que ella.
De idealismo.
2 comentarios:
ALba, la de rosados dedos...
Saludos
Baizabal,
la de tantos sueños como huellas...
Gracias...
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