
Tú sabes que habrá
un abrazo rotundo
entre tú y yo.
Que tendremos
que imaginar el escalofrío
de nuestros cuerpos.
Que te escaparás,
difuso,
a todo estruendo rosado
de mi alma.
Tú sabes
que mis vestidos
se han disfrazado de rojos
y que he podido confundir
tu beso
en cualquier lavabo
de cualquier noche
donde nunca estás.
Tú sabes
que no puedo
hacerme la posible
si tus malabares preferidos
son mis labios y mi hombro.
Que me dolerá perderte
y me crearé un laberinto
de espinas
bífidas
y punzantes
para sentirte.
Pero
sobre todo
sabes
que has perdido el derecho
a enfadarte conmigo,
a sentir pena por nada,
a maldecir.
A pedirme más.
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