Como dice el poeta, yo más que nadie pulso el mundo con la punta de mis dedos.
La punta y mis yemas, y la totalidad de mis manos que han sido mi principal motor de activación y creación de estímulos.
Conozco este paseo como la palma de mi mano. O, mejor dicho y casi con humor, conozco la palma de mi mano como este lugar.
Se podía decir que vivo en un descanso continuo y los sonidos y los ecos, como los olores y fragancias, son momentos y recuerdos para mí.
Estos primeros pasos huecos me hacen rememorar a mi abuelo, que me explicó la diferencia entre caminar sobre baldosas o arena y observar qué pasaba con mi cuerpo cuando sentía el tacto del césped bajo mis pies.
El eco y las voces que oigo, en distancias muy variadas, me dan una pista. La plaza, hoy, que hace un sol espléndido, debe de estar llena. El suelo vibra a mis pies un poco más de lo normal y se oyen chillidos infantiles de alegría y conversaciones ininteligibles a lo lejos.
Sé, con una certeza que asustaría al más pintado, que en exactamente dos minutos, llegaré al banco que toqué con mi madre, aquel día que me ayudó a conocer los árboles y distinguirlos. "Mira, Pablo- me decía-. La corteza de los árboles es dura, porque necesitan protegerse". Yo le preguntaba de qué y ella respondía que un árbol debía ser grande y poderoso, porque se necesitan esas cosas para estar siempre en un mismo sitio y que no cambie nada"
Mi abuelo era más preciso, menos teñido de melancolía que mi madre. Cuando me hacía diferenciar entre el olor de un pino o un naranjo, me decía que la naturaleza era la que mandaba que las cosas tuvieran una forma u otra. Y así, de forma pausada y tranquila, me convenció para que explotase mis demás sentidos
Estoy llegando al banco, de madera, que ya he tocado y hasta he hecho mío a mi manera después de todos estos años.
Cuando estoy a punto de llegar percibo su olor. Hoy ha debido de echarse un perfume diferente. Es eso, o mis pulsos me traicionan porque mi corazón parece ir a mil por hora.
Cuando mi bastón toca algo, el sonido me dice que se trata del hierro forjado de sus patas. Le doy los buenos días y le pregunto cómo está. Su voz suena fina e insegura. Pero es una sensación a la que estoy acostumbrado. Desde que tengo uso de razón, la gente me habla con estremecimiento, como si pensaran que, de un momento a otro, yo pudiera romperme.
Aunque aprendí a leer sin problemas y he devorado con mis yemas los libros, siempre me ha gustado que me lean. Me autoengaño un poco a mí mismo así, y me imagino con ella, distinguiendo palabras en un papel.
Le pregunto qué me va a leer y responde que es una sorpresa, aunque afirma haber demasiada gente hoy en la plaza para lo que ha preparado.
Antes quiere hacerme una pregunta. Accedo.
"Cuando alguien como tú se enamora, es mejor, ¿no? "
2 comentarios:
¿Y tú citas al poeta? Poeta eres tú. ¿Quién es Pablo?
Un alma inventada, claro...
Como sigue el poema..."es tu música"...
Hala, a buscarlo...
Besos y gracias...
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