Cuando te conocí
el cielo parecía estar lleno de pájaros.
Según tu guiño al horizonte
eran caprichosos viajeros llenos de frío.
Por aquellos días
me enseñabas tu labor maestra
el cielo parecía estar lleno de pájaros.
Según tu guiño al horizonte
eran caprichosos viajeros llenos de frío.
Por aquellos días
me enseñabas tu labor maestra
de contar estrellas
y me engañabas con ideas
de juramentos llenos de eternidad.
Cuando te conocí
eras un niño
con voz y ansias atadas al miedo
tu verbo era impreciso
impetuoso
y con espinas.
Cuando quise conocerte más
el mundo se volvió loco.
Estallaron ruidos sordos,
marrones y necios,
henchidos de locura,
de pasión, de planetas
y satélites...
Y tuve que rendirme.
y me engañabas con ideas
de juramentos llenos de eternidad.
Cuando te conocí
eras un niño
con voz y ansias atadas al miedo
tu verbo era impreciso
impetuoso
y con espinas.
Cuando quise conocerte más
el mundo se volvió loco.
Estallaron ruidos sordos,
marrones y necios,
henchidos de locura,
de pasión, de planetas
y satélites...
Y tuve que rendirme.
4 comentarios:
Llegado ese punto es imposible no sucumbir al ruido.
Precioso, Erev, me ha encantado tu poema¡¡¡
Besos
Ío
Muchas gracias,Ío...
Cuesta diferenciar si sucumbir, a veces, es bueno o malo...
ummm rendirse? hasta en los sueños?
Abrazos remolona.
Pecado,
Sabes que mi rendición es única.
Un guiño.
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