Allí está.
Míralo.
El que se refleja siempre de negro.
Astuto y viajante.
Amordazador y mate.
Viene conmigo desde mi adolescencia.
Casi lo pongo en mi cuarto
junto a Brad.
Pero no pegaban.
Su mirada era más limpia
que un terrón de azúcar en verano.
No se marcha
aún con mis calendarios.
Se me pega a las suelas
y a veces lo piso.
Hago que es sin querer.
Si lo humillo,
procuro que no me oiga.
Lo que pasa
es que siempre acabo llorando.
Tan yo.
2 comentarios:
Me encanta la metáfora de tu poesía.. Excelente..
Un abrazo
Saludos fraternos..
Que pases un excelente fin de semana..
Muchas gracias, Adolfo.
Un poco rebuscada esta vez.
Pero íntima.
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