Un salto de cama, máscara de pestañas
y un tirante bajando por mi hombro
para decirte
que aún tengo el sabor de tus labios en mi carne
y que los tigres del deseo
siguen aullando en mi oído izquierdo,
justo en el lado del tirante que empieza a deslizarse,
como tú esta noche en mis líneas,
para que comprendas que
los días que te llamo odio
es porque no puedes escalar por mi hombro
sin temor a tropezarte.
3 comentarios:
Esos tigres! Maravillosamente dicho.
Me gusto mucho esa parte de los tigres.
el cielo estaba oscuro, y la luna, como era de esperar, estaba llena y entera, casi opaca. el individuo inspiraba y espiraba el aire lúgubre y pesado, mientras los últimos rayos de luz penetraban por su pupilas dilatándose, acechando cualquier movimiento entre las sombras, esperando contemplar algo morboso, un cruel espectáculo de la noche o algo infinitamente depravado, lascivo, animal, dulce...
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