11 abril 2012

Ver el mundo a través de mí,
decías.
Todo empezó un día
que te acercaste y confesaste
que no me pintabas de juego,
que la poesía nos haría llaves
y que arrancaríamos las espinas
de nombres y cargas.

A partir de entonces
caminé sobre nieve atrevida
mientras en mi alma
trenzaba tú e incertidumbres.

Tracé demasiados momentos.
Te protegí con todas las pieles que merecías.

Pero de pronto llegó el frío
de tener que escribirte
para tenerte.

Y llegó la claridad,
tan fácil.

Nada y yo.

No hay comentarios: