Hasta a mí me cuesta explicar lo mal que se me ha dado medirme.
Mi entrega merece todo, no mitades ni ausencias.
Y eso debería bastarme esta madrugada para dormir.
Pero no lo consigo.
En unos días, me mecerán el destino. Me delimitarán días. Le pondrán a mis ojos horas.
O no.
Quiero quitarme esta noche el traje pesado de la insuficiencia.
He de vestirme con el ropaje del orgullo y la pasión.
Aunque me haya quedado con las manos vacías.
No importa.
Es frío previsto y esperado.
Sólo que hoy no puedo entender que mires desde el miedo a tu alma gemela.
Le ruegues vida.
Y te la niegue.
2 comentarios:
Es como si llevaras una cruz. Un abrazo.
Y no debería ser así, no?
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