31 julio 2010

Andenes

Se conocieron en un andén,
al límite de todo y con el brillo etéreo
del que puede cambiar de rumbo su vida.
Ella le confesó que era especialista
en sortear adversidades
y él le contó aquella vez
que tuvo que saltar tres mil piedras
para llegar hasta los labios de una chica.
A la hora y dos cafés
ella mantenía sus ojos fijos
en las líneas que adornaban los de él
y se preguntaba si,
con los años,
sumarían otra que llevara su nombre.
Él le pidió más sonrisas
y le rogó que no lo abandonase nunca a la rutina.
Ella supo, de golpe,
que jamás entendería su forma de amarlo.
Y se levantó, a mil kilómetros de él,
y abandonó a aquel chico lleno de vías y caminos
que nunca la entendería.

2 comentarios:

Erev dijo...

Ella, por si nadie lo ha notado, se ha quedado escondida, sin irse del todo, porque tal vez no pueda...

Erev dijo...

Por si a alguien le interesase, ella, finalmente, abandonó el andén porque él no quiso coger su mano.