Una mañana, la mamá de Mario le hizo un regalo. Eran tres cajitas preciosas. Las cajas eran de madera y estaban decoradas de diferente forma.
La madre de Mario le dijo: “Mario, piensa bien lo que metes dentro, porque estas cajitas te servirán para guardar cosas hermosas”
Mario estuvo mucho tiempo pensando. Le costó decidirse un poco. Pero al final lo consiguió. Así que, una tarde, llamó a su madre a su cuarto, hizo que se sentara en la cama y, cogiendo una de las tres cajas, le dijo: “Esta caja, que es chiquitita y tiene un corazón pintado en la tapa, la voy a usar para guardar el primer beso de la chica con la que me case. Esta otra, que es un poco más grande y tiene una nube pintada, la usaré para guardar unos papelitos donde estén escritos mis deseos y sueños. Y, por último, esta cajita, la más pequeña y la más bonita, me servirá para guardar eso que siempre me dices tú que hay que conservar, mamá”.
Su madre le sonrió y le dijo: “Sí, tu sonrisa”.
2 comentarios:
Lindo Erev. Esperemos que Mario no pierda nunca la cajita donde guarda su sonrisa.
Un abrazo
Gracias, Vera.
No creas que no sé que te debo un montón de visitas.
Dentro de poco tendré más tiempo del que desearé,entonces, me meteré en tu blog profundamente.
Un abrazo.
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