
Tienes razón.
Es hora de avivar las llamas
o apagarlas para siempre.
Como si mis manos fueran dueñas de mí.
No voy a poder decidirte
ni cansarte
porque me he hecho un hilo tuyo
y me muevo con el aire.
Ahora,
dices.
Ahora tal vez haya que decidir
dónde quedarnos.
Dónde echarnos a ganar o perder.
O desde dónde mirarnos.
La lejanía siempre ha tenido
cristales vacíos y sucios.
La ausencia sigue preñada
de columpios y días.
Esto es inmortal, compañero.
Mi viajero estático
siempre ha perseguido la luz
el centelleo y la sombra.
Condenarnos.
O no.
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1 comentario:
Hermoso, como todo lo que haces.
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