23 agosto 2010

Cuento hasta tres y me acaricias la espalda, lentamente, dejando que tus yemas acaricien todos mis remordimientos y mis dudas.

Si acercas muy despacio la mano seguro que la conviertes en imán.

Después puedes apoyarla, para que tu calor se cuele dentro de mi ropa y puedas jugar con ella a los malabarismos y ascender, pulsando levemente, hasta mi nuca que te espera con la impaciencia del escalofrío.

Y, si quieres, puedes jugar con el nacimiento de mis rizos y sentir cómo me hago tuya sin condiciones.

A estas alturas ya necesito que cambies tu mano por tu aliento entrecortado y notar ese leve roce de tus labios que ya me he imaginado mientras delimitas la distancia milimétrica entre ambos. Puedes notar mi aroma y quedártelo porque se ha creado para ti y para este momento de deseo.

Y ahora, justo ahora que no sé si siento mi piel o tu respiración, es cuando debes pedirme que me gire.

3 comentarios:

aapayés dijo...

WOW Que maravilloso lo has escrito..



Un gusto pasar siempre por tu blog..


Un abrazo
Saludos fraternos..

Erev dijo...

Querido Adolfo,
¿Sabes tu que se hace con esas pasiones llenas de nostalgia que se quedan atormentandonos,inconclusas,en el aire?
Este post nace de esa nostalgia...
Aunque a veces me la invente yo...
Gracias por tu fidelidad...

Erev dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.