Aún recuerdo cuando mis ideas eran más rápidas que mis fuerzas
y soñaba con dejarme el alma en cualquier beso de película.
Las aceras no eran el límite de mis deseos
y hacerse mayor sonaba a lejano, a frío y a mentira.
Los ojos eran mejores escaparates que los de Hortaleza
y los días se agolpaban en mis manos.
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