Siéntate.
Hace ya unos días que esperaba tu visita
pero imaginaba que no encontrabas palabras para mí.
No te preocupes,
de sobra sabes que lo que hablemos aquí
morirá en estas paredes,
a no ser que nuestras cabezas
empiecen a fabricar sueños a pares.
Lo mejor es que esto
es sólo nuestro y podemos darle el nombre que queramos,
hasta te dejo que le pongas música.
Y podemos jugar a cualquier cosa;
cambiarnos los nombres,
inventar otras vidas,
borrar amarres,
ignorar adversidades...
Ay,
perdona,
qué absurda,
si aún no te he dejado hablar...
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