21 junio 2010

Qué desalentador resulta que la verdad te escupa a la cara todo lo que a uno le molesta. Se me queda cara de estúpida y me cuesta mil años despegarla de mi sombra.
Después escucho las amoralidades de la gente, más que nada para sentirme acompañada pero me doy cuenta que ni en mi soledad lo malo me parece tan malo ni hay verdades absolutas.

Y me obligo a cambiar, a comprenderme, a escucharme.
Y casi nunca lo logro.

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