Sigo siendo la misma. Con mis errores y decisiones. Con mis pasos y no. La misma que desechaba la inmunidad.
30 marzo 2011
Yo tenía un dragoncito pequeño y creo que amarillo al que le puse el nombre de Viento, porque cuando volaba batía las alas fuertemente y formaba redondeles de aire y viento en mi habitación. Nunca pude verlo, pero sé que era él el que lo provocaba. Dormía en mi armario. Yo sé que le gustaba apoyarse sobre las mantas dobladas y se acurrucaba como un perro para dormir. Pero había que tener cuidado con sus ronquidos porque, sin querer, podía quemar todo la ropa de mi armario. Yo me imaginaba a Viento del color del trigo y su respiración de humo me ayudaba a dormirme por las noches como una suave melodía que me ayudaba a conciliar el sueño y me imaginaba sobre su lomo volando libre y ayudándole a provocar viento con mis brazos. Hasta que un día, no sé por qué motivo, se marchó. Tal vez a otro lugar. O a otro armario de otro niño soñador. Y dejé de escuchar su respiración que tanto me gustaba. Pero, de vez en cuando, aún volamos juntos en mis sueños.
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5 comentarios:
Qué lindo!!!Los dragones, siempre mágicos
Un abrazo
Sí, Vera, los dragones siempre son mágicos.
Esto surge de la petición de una amiga.Me pidió un texto infantil y me arriesgué.
Aunque debo confesar que me encantó escribirlo.
Un beso.
Eh!! Me gusta es como si me lo contase un niño pequeñito con sus ilusiones. Siempre innovadora ;)
Señorita Poulain,
Es que echo de menos esa mirada de niña que casi casi casi se me había olvidado.
Besos.
Es posible que eches de menos esa mirada de niña porque cuando crecemos miramos las cosas de manera diferente y nos vemos diferentes... Sin embargo, apuesto a que quien te conoce no ha llegado a echarla en falta, ni a la mirada ni a la niña.
Un saludo.
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