Desde mis monosílabos
te arrastro a veces,
-como si fuese fácil
inventar nuevas palabras-.
Tus trisílabos
comienzan arañando mi nombre
para acabar fabricando
sueños impares,
o pares, porque ya da lo mismo
que contemos dos o uno.
Y perdona si este viejo capricho
compromete tus sílabas escurridizas,
que no pretendo colocar a mi antojo
tus silencios,
porque he aprendido a escucharlos,
a malograr con tus noes,
y le he pillado el truco a tus huidizas charlas.
Por eso es que me rindo
y de mi boca sólo permito
que se escape
un bisílabo con tu nombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario