20 junio 2009

Nuestra música



Te echo de menos, desde los descolocados insomnios hasta las caricias prodigiosas que me arrojas. Extraño tu cuerpo y el placer que me brinda cuando me acaricias con los ojos y determinas la distancia que nos separa.

Es nostalgia de ti, como el bolero y las mil y una canciones que hemos tarareado puerilmente ambos, en tantos lugares como sueños.

Stan Getz me lleva a Lyon y me lanza a mirar el amanecer desde el albergue, aquel que yo quería hacer mío y tú hiciste nuestro, a escondidas, para, de nuevo, sorprenderme.

Y ahora me voy al universo de fábula creado por ese italiano a veces innombrable (no sé por qué) para recrearme con todas las maravillas que creo ver en ti. Y entonces me viene a la cabeza un viaje en coche, apretados y con brillo en los ojos tras ver La Sagrada Familia.

Hey you se me figura en tierras de volcanes, en aquella ciudad francesa azotada por el viento y cómplice de mil historias de amor (algunas de alcohol, pero no la nuestra)

Mercedes Sosa canta en las ramblas y yo te miro, pausada y lenta, y me veo en ti. Por fin.

Lía comienza a ascender por aquellos tejados escalonados de mi miedo y tu ojos asombrados y entonces me pierdo entre los canales, sola, esta vez, para pensar en ti cuando no estás conmigo.

Si nos vamos a Cibeles, prometo tararearte al oído La vie en rose, mientras volvemos a casa y te lleno de geografía madrileña.

Pero es Child in time la que me sitúa en tu cuerpo, directamente colocada al antojo de todavía no sé qué, trémula y sorprendida, de haber encontrado un delfín capaz de nadar con esta sirena, vejada a veces y cansada de mareas. Es ella, la que ayuda a la dragona engendrada por ambos a fatigarnos por las noches y seguir teniendo ganas de indagar en el otro.
Ya no importa que nuestras pupilas no hayan paseado juntas por Montmartre, porque yo llevé a Rodin hasta tu alma y tú me mojaste con el Sena. Qué vacío se me antoja ahora la pretensión de haberte deseado en el Louvre ahora que pasamos juntos por puentes imaginarios y angostos.
Entre tú y yo hay puentes y pasarelas fingidas que son capaces de unir la Gran Vía con el Teide.
Y eso es lo que realmente importa esta noche.

2 comentarios:

Luardid dijo...

Qué hermoso, Vere. Me ha parecido muy tierno, muy íntimo. Precioso.

Erev dijo...

Gracias...Aunque hace ya años de esto, me sigo viendo igual...