Esta noche
no me importaría
acostarme contigo.
Me acurrucaría
en un montón
de sueños inestables
y te confesaría al oído
que eres el mejor
polvo que he echado.
Debería confesarte
-antes de cualquier guiño-,
que el listón está alto
y que muchos méritos
tendrías que hacer
para hacerte llamar
importante.
Pero hoy el deseo
está caprichoso.
Me sube hacia el cerebro
como un hormigueo.
Nos imagino
entre cortinas obscenas
y deseo tu lengua
por todo mi cuerpo.
Tu nariz arrugada
de hoy
me ha confirmado
lo que ya sospechaba
y,
por mucho que lo intentes,
voy a seguir ocultando
mis nervios
cuando me hablas.
Como te digo
-ojalá me oyeses-,
hoy,
lo mandaría todo
a la mierda
y rodearía
toda nuestra atracción
de música.
Pero no del todo,
porque me gusta lo difuso,
dejarlo al aire,
a lo inexperto.
Joder,
quiero que hoy,
tú y yo
nos hagamos certeros
o daño
o los locos.
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