A ti,
indeterminado,
voz con la que te suplo,
funámbulo de miradas.
Por tu nimiedad externa,
porque siempre resulto enganchada
y resuelta.
Por tus ademanes perfectos
y tus tristes odas.
Porque eres mi hélice,
mi sangre,
mi latitud,
mi espina dorsal…
Porque poesía te hizo justicia
y deseo dejó de ser
hace ya mucho tiempo…
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